“No tenía ningún recuerdo consciente de lo que había visto; pero aquella noche, sentado caviloso en la entrada de su cubil, con el oído aguzado a los ruidos del mundo que le rodeaba, sintió las primeras débiles punzadas de una nueva y poderosa emoción. Era una vaga y difusa sensación de envidia… o de insatisfacción con su vida. No tenía la menor idea de su causa, y menos aún de su remedio; pero el descontento había penetrado en su alma, y había dado un pequeño paso hacia la humanidad.”
“2001 Una Odisea Espacial”, de Arthur C. Clarke

