El que aquí escribe ya está pasado de vueltas de epicadas, orquestaciones y voces operísticas. Al fin y al cabo, uno proviene de la generación metalera del Power Metal Europeo más “mainstream”, con Stratovarius alcanzando la cumbre en la que muchas otras bandas quisieron obtener el sonido aportado por Timo Tolkki a sus discos. No nos engañemos, ya que no es mi intención en este artículo retroceder más en el tiempo y hablar de los precursores del género, las bandas de verdad donde gente como Kai Hansen innovaban dentro de la comunidad metalera de los 80.
Aclarar, ante posibles trues como el bueno de Berún, que se mezclarán a partir de YA estilos como mero fin narrativo. ¡Al tajo!

Kai Hansen - No me gusta su voz, y tampoco cuando se repite musicalmente, pero su contribución al metal es innegable.
Practicamente 15 años después, solo unos pocos sobreviven: Stratovarius coletean ya sin Tolkki, que encima ha anunciado su retirada hace un par de meses, la segunda reencarnación de Helloween (esa que nos dió discazos como “Master of the Rings” o “Better Than Raw”) vaga sin rumbo desde este último, muchas promesas (infumables para muchos como yo ya por aquel entonces) como Hammerfall o Sonata Arctica han llegado hasta el día de hoy con una discografía entre “normalita” y mediocre y, en estos mismos tiempos, proyectos encabezados por “falsos visionarios” nos inundan con extensos álbumes conceptuales repletos de colaboraciones.
Nightwish es un producto más de este “Baby Boom” del Power Metal y, con motivo del regalo recibido en forma de su último disco “Imaginaerum” [2011], me han entrado ganas de volver atrás en el tiempo.
